Pedro Aranda Astudillo
Fundador de la Corporación Gen
Marzo 2026
Aquella imagen literaria del Génesis bíblico: la astuta serpiente sedujo a Adán y Eva: “Dios sabe muy bien que el día que coman del árbol de la ciencia del bien y del mal, ustedes abrirán los ojos y serán como dioses”.
¡Hoy pululan los dioses insatisfechos!
Al comer del apetitoso árbol se le abrieron los ojos y se dieron cuenta que estaban desnudos.
Esta es la llave de sol del pentagrama de la vida.
Poseer el poder total trae su propia serpiente, como el gusanito dentro del choclo.
“El que a hierro mata, a hierro muere”.
Los vencedores son esclavos de sus conquistas, con un ojo siempre despierto al acecho de la venganza.
Es curioso, los poderosos ven enemigos por todos lados… Y, Ay de aquel que no baile con ellos.
A la altura de nuestra civilización de hoy hemos caído del orden mundial al caos del desorden mundial, basado en las presiones militares.
Se ignoran las leyes, los acuerdos internacionales.
Gobernantes embriagados de sus poderes absolutos con la fiebre de tener más poder avasallan a los más pequeños.
Este infierno se cuaja con los armamentos más sofisticados y sus costos millonarios son siderales. (Los gastos en armamentos si se invirtieran en la salud humana, en educación, en desintoxicar el planeta se erradicaría la pobreza, la miseria, sin exagerar viviríamos en paz y todos a la mesa).
Pero las voces de las Naciones Unidas, del Vaticano y las oraciones al parecer caen al vacío.
Quienes protagonizan las destrucciones de países, la proliferación de muertes, los sadismos de negar la sal y el agua evidencian la ceguera de los dominios absolutos.
Lo que sucede en lo micro, sucede en lo macro. Lo que sucede en lo macro sucede en lo micro. La verdadera pregunta ética que debemos hacernos no es quién gana la próxima confrontación, sino qué tipo de humanidad se está formando bajo estos paradigmas bélicos; quien se considera más que otro puede abusar de otro.
El Congreso Futuro de Chile, enero 2026 preguntaba: “Humanidad ¿a dónde vamos?”.
Negar, renunciar a quien debería dar cuenta es criminalizar la sociedad. La corrupción existe cuando doy riendas a los propios intereses prescindiendo de todo juicio, hasta ser descubierto.
El vacío de un juez superior, de un Ser Supremo es una sociedad de Sodoma y Gomorra. Los hechos candentes gritan por sí solos. “No matarás” está inscrito en nuestro ADN.
Nadie, aun el más poderoso, aceptaría que lo maten.
¿Alguna esperanza? La vemos en la educación en todos sus niveles, pero formando personas, no entes al servicio de un sistema decadente pese a todos los desarrollos tecnológicos. La sabia pedagoga Montessori decía:
“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra.
Cuando eduquemos para cooperar y ser solidario unos con otros, ese día estaremos educando para la paz”.
(Los ídolos inalcanzables, pero tienen pies de barro)

1 comentario:
Pedro, comparto mucho tu reflexión. Hemos avanzado enormemente en tecnología, pero pareciera que no siempre en humanidad. Cuando el poder se transforma en fin y no en servicio, se debilitan la compasión y los valores que nos sostienen como sociedad.
Quizás el gran desafío de nuestro tiempo sea volver a poner a la persona en el centro y recordar que el verdadero progreso se mide en humanidad, no en dominio.
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