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viernes, 22 de mayo de 2026

La delincuencia ¿provocada?

 



La delincuencia ¿provocada?



Pedro Aranda Astudillo — Fundador de la Corporación Gen
Mayo 2026

Nadie espera de una persona de sentirse bien pueda maltratar a otras personas, pueda desdeñar a otras personas. Abordamos la tensión entre “incluidos versus excluidos”. Acogemos con “escalofríos” una parte del artículo del Sr. Mario Waissblut en el diario digital “La Pauta del Mostrador”: “Un dato macabro, el 50 % de la población penal comenzó a delinquir a los 13 años de edad. Mientras no resolvamos los problemas de la infancia, la delincuencia no se va contener meramente con más cárceles y policías”. Pero también ya los vemos delinquiendo por las calles formando bandas especiales. El crimen organizado es un monstruo de 7 cabezas.

Demos un paso más de este escalón: las violencias intrafamiliares aumentaron en la pandemia. Nos muestra que sus raíces provienen del núcleo social. También las corrupciones de cuello y corbata, no dejan de ser “ejemplos” para quienes también delinquen pero con mayores agresividades desde dañar a matar. La violencia es parte de la estructura social lo evidencia la proclamación de la Ley Karin que debió dictarse para penalizar los abusos, los acosos al interior de los mundos laborales. Frente al clima estresante, de los “rendimientos exigentes”, los ánimos se caldean. Toda tensión da incertidumbres, entraña desconfianzas.

Las polaridades existentes en todos los ámbitos evidencian la ausencia de una columna vertebral del bien común.

La Sra Fundadora de PROhumana Soledad Teixidó con 15 años de investigaciones sociales, entrevistada por el Mostrador aborda cómo la seguridad (o la inseguridad) las empresas han debido invertir en altos costos para prevenciones. Sentencia la Sra Soledad: “El desafío de la seguridad es reflejo de la profunda fractura social que vivimos hoy en Chile, la inseguridad es una expresión de ella, como otros hechos que ocurren”.

Todos coincidimos en tener un país con una economía sana, un desarrollo del bienestar, sin embargo, hechos de la causa: vemos países desarrollados, superpotencias, muestran no menos involuciones sociales.

“No sólo de pan vive el hombre” acotaba Jesús desde su misión liberadora y comunitaria.

¿Cabe alguna duda que haya felicidad en los infiernos de las avaricias, de prepotencias, de poderes absolutos?

Nuestra sociedad se encuentra en un “abismo existencial de Occidente” como lo analiza el sociólogo Alberto Mayol, (nos permitimos agregar el Oriente), especifica en sus páginas: “Occidente es hoy protagonista de una crisis de sentido y con ella cae en la legitimidad y se produce una eclosión de malestar”. Interpretamos el vivir con sentido, en una convivencia de “igualdad, fraternidad, libertad”, como semejantes unos de otros, no unos contra otros. Una sociedad constructiva e inclusiva.

Tenemos una propuesta para diluir el antagonismo: “Vivimos como somos o vivamos como somos”: reconciliarnos con nuestra naturaleza humana. Nuestra Creación tiene sentido en su propia armonía, si los humanos perdemos el mínimo sentido de armonía es de nuestra exclusiva responsabilidad. Somos para liberarnos unos a otros, valga decir colaborarnos unos a otros.

La Economía en su esencia debe rescatar su finalidad esencial, lo dicta su propia etimología: administrar la casa, y la casa común que a todos nos hospeda. Un país, un pueblo es un hogar, la suma de sus hogares. Excluir a alguien del hogar es “dejarlo fuera del paraíso”, como Caín matando a su hermano Abel.

1 comentario:

isabeltallervidaplena dijo...

Querido Pedro:
He leído con atención y emoción tu escrito “La delincuencia ¿provocada?” y siento que muchas de tus reflexiones también habitan en mí, aunque probablemente las exprese desde otro lenguaje, más ligado a las emociones y a la experiencia humana cotidiana.
Me duele profundamente ver a niños y jóvenes de apenas 13 o 14 años envueltos en la delincuencia. Detrás de cada uno de ellos no logro ver solamente un “delincuente”, sino también historias de abandono, carencias afectivas, falta de oportunidades y muchas veces hogares donde la vida ha sido dura desde el comienzo.
En esos momentos vuelve a mi memoria la enseñanza de San Juan Bosco, quien creyó firmemente que la educación debía construirse desde el amor y no desde el castigo; desde la cercanía y no desde el temor. Él veía en cada niño una posibilidad, incluso en aquellos que parecían perdidos para la sociedad. Pienso cuánto necesitamos hoy recuperar esa mirada.
Observo con preocupación cómo muchas familias viven sobrepasadas por las necesidades básicas, con escaso acceso a la cultura, a la educación y a trabajos dignos. Hay padres y madres que tampoco tuvieron oportunidades y que cargan sus propias heridas. A veces la violencia y la exclusión se heredan silenciosamente de generación en generación.
Por eso coincido contigo en que no bastan más cárceles ni medidas represivas si no somos capaces de mirar las raíces del problema. Una sociedad que deja solos a sus niños termina inevitablemente enfrentando el dolor de esa ausencia.
Desde mi experiencia trabajando con personas y emociones, he aprendido que el ser humano florece cuando se siente visto, escuchado y valorado. El amor, la contención y la educación siguen siendo herramientas profundamente transformadoras.
Quisiera creer que aún estamos a tiempo de construir una sociedad más humana, donde el bien común no sea sólo un concepto, sino una práctica cotidiana nacida del respeto y la solidaridad entre unos y otros.
Gracias por abrir esta reflexión tan necesaria.
Con afecto y esperanza, Isabel