Pedro
Aranda Astudillo. Fundador de la
Corporación Gen.
Marzo
2026
Nuestra convulsa humanidad refleja diversos aspectos: La Organización mundial de la salud nos advierte de 300
millones de personas que viven con depresión en diversos grados. Desde la
hiperactividad a la cultura de la competencia en fragor contra los otros.
Incertidumbres por doquier. Pero inmersos en esta realidad nos parece normal.
El 87 % de los trabajadores
manifiestan estado de estrés. Se vive propenso a las reacciones agresivas. Ello
obligó a dictar la ley Karin para penalizar los tipos de acosos. Antofagasta es
la tercera región con más causas judiciales, 66 mil denuncias en el país, las
mujeres más afectadas.
Recordar el año 2024 el millón de
licencias médicas al año con más de 25 mil fraudulentas.
Diversas organizaciones
internacionales se plantean como desafíos de la salud pública “la soledad”. La falta de vínculos sociales incide en la salud mental. En el horizonte la baja
sostenida de la natalidad.
Aparece el agotamiento parental, los
hijos alterados por las atmósferas sociales enrarecidas y los padres en tensión
permanente.
Los trastornos ambientales causados
por los abusos humanos contra la madre tierra.
El broche deplorable desbastador: las guerras…
¿La paz, el amor exiliado en una
existencia deshumanizante? Frente a las crisis agudas ¿hacia dónde mirar,
hacia dónde dirigirnos sin brújulas? Especialmente en nuestro mundo occidental y ocasionalmente en
el mundo oriental el calendario destaca la Semana Santa, la Navidad del
nacimiento del Niño Dios.
Ciertamente estos días se impregnan
de cierto recogimiento, algo especial siente el corazón humano. La Semana Santa
en la mayoría de las personas ven, aunque sea de soslayo “aquel hombre que pasó por la tierra haciendo
el bien, que libera a los marginados de sufrimientos, postrados, Este Hombre fue crucificado pues era un peligro para
los poderes de la religión judía de la época y para el imperio romano. (Los
imperios actuales también le temen a Jesús)
Jesús decía: no hay mayor amor de
estar dispuesto a dar su vida por sus amigos. Jesús desde su nacimiento
reverberó la ternura, del amor sublime con su Padre Dios de plena
misericordia encarnado en el seno de
María y, fermenta la historia humana con la alegría de amar, con la
comprensión ante de juzgar, de la paz os
dejo mi paz os doy. Vine a liberar a los oprimidos, a dar vida y vida en
abundancia. Del amor sin medida. He venido a servir y no ser servido.
Jesús no fue una utopía, un filósofo,
un político. Nos cifró su mensaje: “Ama a Dios con todo tu corazón y al prójimo
como a ti mismo”. Amar a Dios es amar su creación indisoluble a la existencia
humana. Si esta creación maravillosa existe, si el sol y la luna que nos
acompañan a todos (a buenos y malos) nos transparenta el esplendor del orden
universal ¿no es la más prístina evidencia de un amor creador?
Los pálpitos de nuestros corazones
¿no nos diseña que hemos venido a vivir fraternalmente como el mismo Jesús nos decía: “ya no os llamo siervos sino
amigos pues les he revelado todo lo que mi Padre me ha dado”.
“Lo esencial es invisible a los ojos,
sólo se puede ver bien con el corazón”, decía un principito que también bajó a
la tierra preguntando ¿dónde están los hombres? ¿Los hombres de paz, de buena
voluntad?
Hoy sufre nuestra humanidad. “Vino Jesús a los suyos, y
los suyos no lo recibieron”. Optamos por un mundo sin Dios y nos condenamos
entre nosotros.

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