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miércoles, 25 de marzo de 2026

Ante la deshumanización, refulge Jesús.


 


Pedro Aranda Astudillo.  Fundador de la Corporación Gen.

Marzo 2026

Nuestra convulsa humanidad refleja diversos aspectos: La Organización mundial de la salud nos advierte de 300 millones de personas que viven con depresión en diversos grados. Desde la hiperactividad a la cultura de la competencia en fragor contra los otros. Incertidumbres por doquier. Pero inmersos en esta realidad nos parece normal.

El 87 % de los trabajadores manifiestan estado de estrés. Se vive propenso a las reacciones agresivas. Ello obligó a dictar la ley Karin para penalizar los tipos de acosos. Antofagasta es la tercera región con más causas judiciales, 66 mil denuncias en el país, las mujeres más afectadas.

Recordar el año 2024 el millón de licencias médicas al año con más de 25 mil fraudulentas.

Diversas organizaciones internacionales se plantean como desafíos de la salud pública “la soledad”. La falta de vínculos sociales incide en la salud mental. En el horizonte la baja sostenida de la natalidad.

Aparece el agotamiento parental, los hijos alterados por las atmósferas sociales enrarecidas y los padres en tensión permanente.

Los trastornos ambientales causados por los abusos humanos contra la madre tierra.

El broche deplorable desbastador:  las guerras…

¿La paz, el amor exiliado en una existencia deshumanizante? Frente a las crisis agudas ¿hacia dónde mirar, hacia dónde dirigirnos sin brújulas? Especialmente en nuestro mundo occidental y ocasionalmente en el mundo oriental el calendario destaca la Semana Santa, la Navidad del nacimiento del Niño Dios.

Ciertamente estos días se impregnan de cierto recogimiento, algo especial siente el corazón humano. La Semana Santa en la mayoría de las personas ven, aunque sea de soslayo “aquel hombre que pasó por la tierra haciendo el bien, que libera a los marginados de sufrimientos, postrados, Este Hombre fue crucificado pues era un peligro para los poderes de la religión judía de la época y para el imperio romano. (Los imperios actuales también le temen a Jesús)

Jesús decía: no hay mayor amor de estar dispuesto a dar su vida por sus amigos. Jesús desde su nacimiento reverberó la ternura, del amor sublime con su Padre Dios de plena misericordia  encarnado en el seno de María y, fermenta la historia humana con la alegría de amar, con la comprensión  ante de juzgar, de la paz os dejo mi paz os doy. Vine a liberar a los oprimidos, a dar vida y vida en abundancia. Del amor sin medida. He venido a servir y no ser servido.

Jesús no fue una utopía, un filósofo, un político. Nos cifró su mensaje: “Ama a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo”. Amar a Dios es amar su creación indisoluble a la existencia humana. Si esta creación maravillosa existe, si el sol y la luna que nos acompañan a todos (a buenos y malos) nos transparenta el esplendor del orden universal ¿no es la más prístina evidencia de un amor creador?

Los pálpitos de nuestros corazones ¿no nos diseña que hemos venido a vivir fraternalmente como el mismo Jesús nos decía: “ya no os llamo siervos sino amigos pues les he revelado todo lo que mi Padre me ha dado”.

“Lo esencial es invisible a los ojos, sólo se puede ver bien con el corazón”, decía un principito que también bajó a la tierra preguntando ¿dónde están los hombres? ¿Los hombres de paz, de buena voluntad?

Hoy sufre nuestra humanidad. “Vino Jesús a los suyos, y los suyos no lo recibieron”. Optamos por un mundo sin Dios y nos condenamos entre nosotros.

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